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El movimiento de la fotografía obrera de los años 20, la incorporación del proletariado en los medio

Movimiento Vientos del Pueblo


Por la década de 1920, el artista y fotógrafo Laszlo Moholy-Nagy declaró que en el futuro las cámaras fotográficas serían de uso tan común como las máquinas de escribir, y que el analfabeto del futuro sería aquel que no supiera nada de la fotografía, aún más que los que no conocieran el arte de la escritura.


Por esos años, en la Unión Soviética, el cine y la fotografía tuvieron un papel preponderante en el desarrollo de una nueva cultura a raíz del triunfo de la revolución. La cámara fotográfica, al desarrollarse nuevos y más sofisticados equipos, se constituyó en la herramienta perfecta para hacer de la fotografía el arte de masas por excelencia, algo que anhelaba el nuevo poder soviético.


Aleksander Rodchenko (artista visual ruso) decía que el fotógrafo tiene que demostrar que aquello que se está representando no es la vida transformada de acuerdo con las leyes estéticas, sino la vida en ella misma, la vida documentada con la perfección técnica de la fotografía.


El quiebre artístico y cultural que supuso la revolución además influyó en el reconocimiento de la fotografía: “Si la pintura era burguesa, la fotografía era popular. La figuración mentía y, en cambio, la fotografía era la abstracción paradójica más grande: aparentemente igual a la realidad, pero absolutamente distinta. No es raro que Lissiztky entendiera la potencialidad de la fotografía y que Rodchenko le diera un lugar de privilegio en el arte” (Colorado, 2013).


En este sentido cobra valor el papel del fotógrafo como documentalista, reportero y propagandista. Los medios de comunicación, hasta ese entonces dominados enteramente por la burguesía, le abrían paso para que el proletariado, a través de revistas y periódicos, tenga su propia voz e imagen.


Rodchenko manifestaba que la fotografía era el nuevo espejo del mundo –rápido y real–, y debería dedicarse, en la medida de sus posibilidades, a reflejar la sociedad en imágenes, desde todos los lugares, y desde todas partes.


El punto de inicio del movimiento de la fotografía obrera surge a raíz de la convocatoria hecha en marzo de 1926 por la revista alemana Arbeiter Illustrierte Zeitung (AIZ), en la que se proponía a jóvenes fotógrafos amateur, documentar el día a día de la clase obrera. Quién más que el mismo obrero para retratar su cotidianidad.


Su premisa principal era la de juntar a los fotógrafos con el movimiento obrero revolucionario, esta fue la raíz de un trabajo documental y periodístico que registró, por un lado el desarrollo de la nueva sociedad soviética, y por otro el contraste con las condiciones de explotación que el proletariado alemán vivía en el capitalismo. Edwin Hoernle, colaborador de la revista, había definido el “ojo del trabajador” como antagónico respecto al humanismo burgués. Hoernle escribió: “Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión” (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2010).


La convocatoria se centraba en los siguientes puntos:


  1. Hacerse eco de los movimientos revolucionarios obreros.

  2. Sus condiciones de vida.

  3. Su día a día, lo cotidiano.

  4. Sus lugares de trabajo

  5. Sus nuevos entornos de trabajo industrial tecnificado.

Esta convocatoria coincidió con el impulso dado al cine y a la fotografía desde el Partido Comunista de la Unión Soviética y las directrices de Lenin: “De todas las artes, la más importante para nosotros es el cine, si bien también la fotografía tiene potencial propagandístico, pero el cine demanda mayor cantidad de recursos” (1924 en Blanco, 2011). Es así que en la URRS es en donde surgen verdaderos corresponsales obreros. Su difusión se la realizaba a través del periódico Robochaia Gazeta, además que se colocaban afuera de las fábricas grandes periódicos murales.


Esto fue clave en el aparecimiento de nuevos medios de comunicación proletarios y en la fotografía supuso un avance cualitativo: el foto reportaje obrero, que busca informar, movilizar, hacer de vanguardia cultural (Wolf en Blanco, 2011, pág. 138). Antes de todo esto la fotografía estaba reservada solamente para las clases acomodadas de la burguesía rusa.


Las nuevas cámaras además agilitaron los procesos de toma y revelado. El sujeto en la fotografía ya no tenía que posar, debido a las largas exposiciones requeridas antes, sino que ya podía ser retratado sin que se diera cuenta. Este aspecto es clave para trasmitir esta connotación de realidad.


Los sindicatos incentivaban a través de la fotografía a que los obreros en sus momentos de ocio se acerquen a la cultura. Un activista sindical, en un congreso de círculos fotográficos para campesinos, advertía en 1927: “La fotografía eleva el nivel cultural. Son muchos los que se interesan por la fotografía. Abandonan el tabaco y las bebidas fuertes, e invierten muchos recursos en esta disciplina. Esto resulta muy elocuente. Es necesario inculcar la fotografía a las masas de obreros y empleados” (Wolf en Blanco, 2011, pág.32).


Tal fue el auge de la fotografía en esta época, que se crearon círculos fotográficos en los sindicatos y en abril de 1926 surgió Sovetskoe Foto, una revista que a través de sus publicaciones contrastaba la nueva época con respecto al régimen zarista.


En uno de los encuentros del movimiento de fotografía obrera se estableció la misión y objetivos del movimiento internacional de fotógrafos obreros, que reunía varios lineamientos a cumplirse en los años posteriores. Este texto fue publicado en Der Arbeiter-Fotograf, n.5; 1931, pág. 99-100; Traducción de Juan de Sola, 2009 y mencionaba que (La Espina Roja, 2011):


Los obreros revolucionarios de todos los países deben conocer y tener claras dichas circunstancias. Deben combatir y hacer frente al enemigo de la clase obrera con todos los medios, vencerlo en todos los frentes. Así́ como los trabajadores de la Unión Soviética han aprendido a fabricar sus propias máquinas y herramientas, incluso a inventarlas para ponerlas luego al servicio de la construcción pacifica del socialismo; así́ como los trabajadores de los países capitalistas han aprendido a redactar ellos mismos sus periódicos, así́ deben aprender los fotógrafos aficionados del proletariado a manejar la cámara y a servirse correctamente de la fotografía para la lucha de clases internacional


¿Qué debemos hacer?

  1. Organizar más grupos y círculos, capitanearlos políticamente e instruirlos en las cuestiones técnicas.

  2. Mantener una intensa correspondencia y cultivar las relaciones personales con los fotógrafos obreros de todos los países, así como con aquellos que quieran serlo.

  3. Favorecer y poner en práctica el contacto de las secciones entre sí, e intensificar de manera especial los lazos entre las secciones alemana y soviética.

  4. Establecer tareas y misiones concretas para cada uno de los países, confeccionar una lista de los temas de las fotografías en atención a la exposición internacional.

  5. Organizar certámenes en los que las secciones compitan.

  6. Instaurar una semana internacional durante el mes de julio: «La imagen proletaria».

  7. Elaborar un borrador de un programa de acción internacional y unos estatutos.


He aquí, a grandes rasgos, nuestro programa en el plano cultural y artístico, pues la fotografía proletaria, la imagen modelada por el trabajador con conciencia de clase, debe contribuir a proteger la construcción del socialismo en la Unión Soviética ante cualquier ataque de la jauría imperialista, debe servir de estímulo a los obreros y campesinos de todo el mundo para que se decidan a derribar el sistema capitalista y a construir el mundo de un gobierno de todos los trabajadores.


El foto reportaje de Arkady Shaikhet y Max Alpert sobre la familia Filipow, llamado Veinticuatro horas en la vida de una familia trabajadora en Moscú, es uno de los trabajos icónicos de este movimiento fotográfico documental.


En Alemania, Lászlo Moholy–Nagy, nacido en Hungría, fue el principal exponente de este movimiento en ese país, fue fotógrafo de la Escuela Bauhaus.


“Moholy defendía un uso experimental de la cámara para borrar definitivamente toda dependencia con el arte del pasado. Más que incluir la fotografía en el panteón de las artes, su interés era promover un nuevo sistema de percepción visual y con él, el alumbramiento de una nueva ´civilización de la luz´ en cuya base se encontraría la óptica fotográfica o la ´nueva visión como germen de un nuevo hombre, el homo photographicus” (Coronado & Hijón, 2005, pág.69).


Además de la URSS y Alemania que fueron los ejes del movimiento de fotografía obrera, esta tendencia se expandió a Checoslovaquia, Suiza, Estados Unidos, Francia, Holanda y Gran Bretaña, Austria y México, todos ellos vinculados a organizaciones comunistas. Sus principales representantes fueron: Irena Blühová y Karol Aufricht, Ferenc Haár, Lajos Lengyel, Tibor Bass, Sándor Frühof o Lajos Tabák y el crítico Lajos Gró; Judit Karasz, Joris Ivens John Fernhout, Mark Kolthoff o Hans Wolff, Eva Besnyö. Germaine Krull y Eli Lotar. Edith Suschitzky, John Maltby de la organización británica, la Workers Film and Photo League. Paul Strand Photo League de Nueva York, quien trabajó con Aaron Siskind, Morris Engel y Harold Corsini, entre 1936 y 1939.


En ese tiempo París constituía un sitio de confluencia de intelectuales y artistas, donde coincidieron grandes exponentes del documentalismo clásico como: Robert Capa, Kertész, Brassaï, David Seymour (Chim), Gerda Taro, Germaine Krull o el rumano Eli Lotar. Muchos de ellos, tiempo después, fueron a cubrir el conflicto de la guerra civil española, que a la postre sería la fase final del movimiento como tal.


Este corto pero productivo período, en el que se desarrolló este movimiento, fue fundamental para los posteriores trabajos fotográficos y comunicacionales en el movimiento revolucionario internacional y para otros documentalistas que, si bien no estuvieron inmersos en procesos revolucionarios, extrajeron parte de la técnica y estética desarrollada.


La declaración de Laszlo Moholy-Nagy, con la que iniciamos este artículo, nos pone frente a una realidad en la que la tecnología ha logrado que la mayoría de personas, independientemente de la clase a la que pertenezcan, posean una cámara fotográfica (Smartphone) y a los que no, la pueden conseguir a precios accesibles. La actual época, que varios autores como Fontacuberta, la denominan de la pos fotografía, está llevando por una parte a la reproducción de contenidos banales y alienantes, a su vez se constituye en una herramienta utilizada por el poder hegemónico como arma de vigilancia y control; pero que sabiéndolos utilizar a favor del proletariado, puede ser un instrumento de comunicación, denuncia y propaganda, como lo demostró el movimiento de fotografía obrera.


Fuentes de referencia:

  • Blanco, M. (2011). El movimiento obrero a traves de la fotografia 1839. Sevilla.

  • Colorado, N. (11 de mayo de 2013). Oscar en fotos. Recuperado el 31 de marzo de 2020, de https://oscarenfotos.com/2013/05/11/alexander-rodchenko-la-revolucion-fotografica/

  • La Espina Roja. (29 de marzo de 2011). La Espina Roja. Obtenido de http://espina-roja.blogspot.com/2011/03/85-anos-del-nacimiento-de-la-revista.html

  • Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. (2010). El movimiento de la fotografía obrera. Hacia una historia política del origen de la modernidad fotográfica (seminario). Obtenido de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: https://www.museoreinasofia.es/actividades/movimiento-fotografia-obrera-hacia-historia-politica-origen-modernidad-fotografica

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