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Reflexiones sobre marxismo y ciencia

  • Foto del escritor: Vientos del Pueblo
    Vientos del Pueblo
  • 12 ene 2021
  • 2 Min. de lectura



El movimiento marxista -y el movimiento obrero, de manera más amplia- ha discutido históricamente sobre la ciencia y su importancia en diversos niveles y dimensiones de la sociedad. No obstante, la ciencia es anterior al nacimiento del proletariado. De hecho, el desarrollo de la clase obrera se encuentra en estrecha relación con los avances científicos y tecnológicos que contribuyeron a la irrupción de la revolución industrial y el fortalecimiento del capitalismo.

Por su parte, la burguesía, en un inicio utilizó la ciencia para combatir el dominio de la iglesia y para afirmarse en el poder, destrozando posteriormente el poderío feudal. No obstante, cuando el capitalismo estuvo asentado sobre terreno firme, la burguesía recurrió nuevamente a concepciones idealistas y mistificaciones con el objetivo de legitimar el statu quo.


En la actualidad, pese a que la clase dominante promueve y destina fondos para la investigación, esta es parcelada y se encuentra condicionada en gran medida por intereses económicos particulares, por el afán de aumentar las ganancias de la burguesía. En ese camino, la investigación científica se ha atorado en un espectro de posibilidades limitadas, que, por lo general, oscila entre el idealismo y el materialismo vulgar, mecanicista.

Lo anteriormente expuesto, de ningún modo implica que se deba rechazar el conocimiento científico. Es fundamental comprender que la ciencia abarca algunos métodos, técnicas y conocimientos que no deben ser desechados, sino integrados críticamente a la lucha revolucionaria.

El desarrollo de la ciencia y del conocimiento científico es histórico y dialéctico, como ya señalaba Marx, en contraste con adalides del materialismo vulgar como Laplace y Diderot. En otras palabras, la ciencia es históricamente concreta, no es atemporal; la ciencia se encuentra en constante movimiento y transformación, no es estática.


Para Marx, la ciencia debe responder a los intereses comunes de la especie humana. Para él la ciencia es, por su cuenta, políticamente revolucionaria, y considera que el sustento social para una política revolucionaria que abrace la ciencia, sería una de las clases sociales que se desarrolló gracias al fuerte influjo de la ciencia sobre la sociedad en los últimos siglos: la clase obrera, una clase internacional, como la ciencia misma.

Le compete pues a esta clase, en sus esfuerzos por derrocar al capitalismo, sumergirse en los océanos inexplorados de la ciencia, profundizar y ampliar el conocimiento científico en todas las direcciones posibles. Además, a las organizaciones revolucionarias les corresponde alentar a sus integrantes a entusiasmarse por la ciencia. Aquello no implica que uno deba ser un académico o renombrado científico para militar en una organización revolucionaria, sino que se esfuerce constantemente por comprender científicamente la naturaleza, la sociedad y la psique humana, para poder contribuir a su transformación. Para ello, se requiere por una parte desarrollar la habilidad de desmenuzar aquello que pueda resultar limitante, potencialmente reaccionario en las bases filosóficas de la ciencia como existe en la actualidad; y, por otra parte, se requiere tener la habilidad de reconocer y valorar todos los avances valiosos logrados como resultado de siglos de trabajo intelectual colectivo.

 
 
 

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